 
Antonio Rubinos es de esas personas que cuando están cerca te contagian una especie de paz y bienestar que crean cierta dependencia. Por eso cuando viene a vernos, muy de vez en cuando, los ojos nos brillan y de repente parece que el mundo es mejor.
Eso es lo que transmite Antonio, siempre con su sombrero a cuestas, y, que a buen seguro viene dado por su residencia en la isla de Ibiza. Entre pinos, naranjos, algarrobos y sabinas encuentra su inspiración, al lado del mar, con la influencia siempre positiva de la naturaleza. Con el apoyo de su familia, en especial de Tanit continuadora de la obra de un gran profesional y que ejerce la profesión con la misma ilusión y buen hacer que Antonio.
Cuando hace 34 años, Antonio y Mari Carmen se fueron a Ibiza, imagino que en busca de lo que han encontrado, no podían imaginar que los que nos quedamos en la península, le llegaríamos a envidiar tanto. A envidiar y a admirar, claro.
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