Las mañanas del sábado y del domingo tienen algo de especial. La ausencia de prisas y de compromisos permiten dedicarle más tiempo a aficiones como por ejemplo la lectura. En mi caso, además, procuro que esa lectura no sea la habitual de toda la semana sino que sea algo especial, que me haga desear la llegada del fin de semana. El año 2009, dediqué todas las mañanas de fin de semana de ese año al libro de Gene Moore, display designer de Tiffany, del que ya hablamos en números anteriores. En 2010, le siguió la biografía de Van Day Truex, del que hablaremos más adelante, y este último año ha sido la biografía de André Le Nôtre, paisajista, arquitecto y urbanista , que dedicó casi toda su vida a diseñar y construir los jardines de Versalles para Luis XIV. No exagero si digo que estos tres libros han sido probablemente los que me han aportado más conocimientos, estímulos y curiosidad después de casi 40 años de profesión. En André Le Nôtre he encontrado un tesoro inagotable de sabiduría, ansias de superación, buen gusto y sobre todo un compendio de técnicas que irían desde la aplicación y manipulación de la perspectiva, el conocimiento e intento de dominar la naturaleza y la genialidad a la hora de solucionar problemas de muy diferente índole, como por ejemplo la de traer agua desde una cota de terreno mucho mas baja, multiplicar el efecto visual de las fuentes gracias a la manipulación del paisaje y su perspectiva, la utilización del reflejo como parte activa y paralela a una estancia interior y la utilización de técnicas de iluminación para esos macro espacios con el objeto de modificar la percepción de los mismos. Todo eso en pleno siglo XVII, sin apenas medios, tecnología, materiales, solo con imaginación y creatividad.

Si bien es cierto que Luis XIV fue un déspota que derrochó dinero mientras su pueblo padecía miserias y que la creación de los jardines de Versalles costo muchísimas vidas, también es cierto que propició la aparición de personajes como Le Nôtre, de inventos que aún hoy son utilizados o emulados, la creación de jardines que todavía hoy disfrutamos y admiramos. No entraremos a evaluar la moralidad del hecho. Lo que si puedo decir es que, es tanto lo que he aprendido en este libro, que estoy seguro de no haber aprendido jamás nada parecido en un libro de escaparatismo, lo que una vez más, corrobora que esta profesión se nutre de muchas otras disciplinas y que la convierte en una profesión privilegiadamente completa.




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